"Los desterrados... ¿está mal irse de Pastoral Juvenil?

May 17, 2019

Una pregunta capciosa. A simple lectura la respuesta parece sencilla: claro que sí. Digo, estás saliendo de un grupo que te ayuda a formarte, descubrir tu vocación y acercarte mucho más a Jesús y sus enseñanzas en los temibles años de la juventud. Suena como a huir de un plan perfecto, de un lugar de paz. Y aunque en parte es cierto, tomarse el tiempo de escuchar y comprender a quiénes un día decidieron irse de la pastoral juvenil es algo a lo que debemos prestar más atención.

 

Podríamos decir que son ellos los que se alejan del camino y quiénes deben velar por su propia salvación ahora sin ayuda de la comunidad en Cristo a la que pertenecían, pero lo cierto es que la mayoría de las veces no nos tomamos ni un minuto de nuestro tiempo para conocer el trasfondo de esta decisión y así comprender cuál debería ser nuestra labor como miembros de una pastoral juvenil que se supone busca mantener viva la llama de servir a Cristo en los años de juventud. Es más, pareciera que salirse de pastoral juvenil es sinónimo de dar por terminado un contrato de amistad. ¿Ya no estás en el grupo? Bien, dile adiós a las invitaciones a salidas, al cine o a hacer picnic los sábados por la tarde. Es más, no nos escribas, nosotros te chateamos. Gracias por el tiempo con nosotros.

 

¿Conoces sus motivos? ¿O acaso crees que simplemente se cansaron de buscar la santidad y por eso se fueron? No, no es así. Basta sentarse a conversar con algunos que ya no están en un grupo juvenil para descubrir que los motivos son muy variados y que incluso podrías estar incluido entre ellos.

 

No se trata de una lista al estilo de “13 reasons why”, pero aunque muchos se van por mera pereza, miedo o un impulso de rebeldía, hay otros que más que irse se sienten desterrados, incomprendidos, no con ánimos de hacerse las víctimas, sino que dieron hasta el último intento sin lograr lo esperado. Pongamos a detalle algunos casos…

Aunque la pastoral juvenil abarca jóvenes, eso comprende un amplio panorama mínimo entre los 15 y hasta 27 años. ¡Vamos, analicemos! Es un margen de 12 años donde podemos encontrarnos con realidades tan diversas que es imposible encerrar a todos los miembros en un solo patrón. Solo por mencionar algunos y yendo a una escala realista, vayamos viendo distintos niveles de jóvenes en PJ:

  1. Está el grupo ideal, aquellos que están en el colegio aún, cuyas máximas labores son estudiar y ayudar en casa y tienen mucho, por no decir casi todo el tiempo del mundo para dedicarlo a PJ. Son los que al preguntar: ¿cuándo pueden?... su respuesta es prácticamente cualquier hora a excepción de las horas del colegio. Estos chicos si saben administrar su tiempo incluso pertenecen a clubes de baile, canto, practican deporte o juegan en alguna liga aparte de sus responsabilidades como miembro de pastoral juvenil. El único detalle o limitación que pueden encontrarse son los padres de estos chicos, quienes por ser menores de edad, no estar involucrados los padres en la Iglesia o no confiar en sus hijos, pueden privar permisos a eventos parroquiales, pero eso es algo relativo y hasta cierto punto manejable.

  2. Luego le sigue el grupo A de universitarios (aquí me podía ubicar yo mientras tuve entre 18 y 22 años). Son los que ya pasaron la etapa de la adolescencia pero su carrera universitaria les permite tener tiempo para participar activamente de lo que pasa en Pastoral Juvenil. Tienen responsabilidades mayores en casa y algunos trabajan, pero logran sacar el tiempo necesario para estar en reuniones, eventos y demás. Muchos líderes juveniles salen de este grupo.

  3. El grupo B de universitarios en un caso complicado…y desde este grupo en adelante es que están los prospectos para tener algún motivo para irse de PJ. Este grupo son chicos con carreras demandantes, cuyo tiempo es consumido entre clases, estudio, pocas horas de sueño y el tranque. Su disponibilidad para asistir a todo en la iglesia se complica porque obviamente su prioridad son sus estudios y muchas veces aunque tengan las ganas, el cansancio y sus demás funciones académicas le impiden ir a más de 3 cosas que ya tenían en agenda. Aquí empiezan los problemas. Son chicos señalados por los demás miembros o sus coordinadores porque no comprenden que estudiar SÍ es una inversión demandante de tiempo. Los señalan como agentes aéreos o cometas porque van a algunas cosas y a otras no, cuando en realidad deberían comprender y valorar un poco más que estos chicos a pesar de su estrés y condición, asisten y participan felices de lo que pueden en la capilla o parroquia cuando su tiempo libre lo amerita.

  4. Y dándoles la competencia, siguen los que estudian y trabajan. A esos yo les tendría que dar una medallita honestamente en vez de criticarlos tanto. Sí, porque en lugar de llamarles la atención o molestarse porque casi nunca pueden ir a reuniones en la semana o porque no participan de la limpieza del sábado, toca es darse cuenta de que estos chicos no sólo ponen sus neuronas a funcionar a diario, sino que llevan un tren laboral con horarios esclavizados donde simplemente no se pueden decir que no a lo que la empresa disponga en tiempo, a menos que se trate de tu propio negocio. Este grupo se ve afectado por las constantes críticas de que se creen muy grandes como para estar de forma activa, cuando en muchas ocasiones es que están en una lucha consigo mismos por cumplir en el trabajo, no dejar ninguna tarea sin hacer o entregar y a la vez estar a tiempo a las 7:00 a.m. del domingo en la Misa que le asignaste o en la reunión de las 6:00 p.m cuando en realidad es alguien que sale a las 5:00 p.m. del centro de la ciudad. Ustedes traten de ver la congruencia en eso…

  5. Y llegando al pico de la lista, los que sólo trabajan pero tienen una vida personal que cuidar (aquí estoy yo ahora): no se trata de que tengan 6 o 7 años en pastoral juvenil y ahora se creen veteranos, es que simplemente las cosas van cambiado y las perspectivas también. Quizás a los 19 querían que todo su tiempo libre se invirtiera en la parroquia o capilla ayudando, en reuniones, eventos o viendo que otra cosa podían inventar. Pero ahora, las cosas son diferentes. Quizás ese chico o chica tiene un hijo que atender, un trabajo demandante donde está a prueba su próximo ascenso o al contrario, que le despidan, puede que ahora tenga que ayudar más en casa porque sus padres ya no soy tan a todo terreno que hacen los quehaceres solos, probablemente muchos ya viven solos o con su pareja, tal vez le toca tener dos trabajos para pagar la renta o la mensualidad del auto y así puede seguir la lista. A veces ni siquiera son asuntos materiales, a veces este grupo simplemente necesita su espacio. Quieren servir en pastoral juvenil pero no pueden estar con la misma frecuencia que los demás chicos porque deben descansar para rendir en el trabajo, deben cuidar más su cuerpo e ir al gimnasio o tienen citas médicas, de trabajo o de actividades extracurriculares que son igual de importantes que estar en pastoral juvenil. Son chicos que en las noches tienen terapia, están en algún grupo de zumba, visitan a sus padres o hijos o se quedan horas extras en la oficina para no saturarse tanto al día siguiente con sus tareas.  Generalmente este grupo lo conforman chicos de más de 24 años, sin embargo pueden haber algunos entre 20 y 23 que simplemente van un poco más adelante en algunas etapas de vida, por ende, les tocan responsabilidades mayores de forma prematura. Y no está mal, se llama ser realista ante la vida cotidiana de cada quien.

 

Viendo esta división (sujeta a cambios y agregando que otro motivo clave son las actitudes de algunos miembros de PJ y el hecho de no buscar arreglarlas), podemos captar que aunque la pastoral juvenil somos todos, las realidades varían. Y si perteneces al grupo C, D o E, de seguro fue difícil mantenerte en PJ si los demás integrantes o tu coordinador no comprendieron tu realidad, no comprendieron que estabas creciendo más rápido y que señalarte o criticarte por no estar al 10000% no era la solución. Mi reflexión de hoy es simple: no estoy defendiendo a quiénes decidieron irse de PJ, pero sí quiero abrirte los ojos a que cada persona maneja un mundo diferente y debe valorarse el interés y esfuerzo por aquellos que tienen tantos conflictos para aún así estar en lo que puedan en pastoral juvenil. Obviamente estos chicos quizás no pueden ser coordinadores, ni delegados ni los que organizan las actividades, pero cerrarles las puertas a trabajar, servir o dar ese granito de arena y luz que aún quieren proyectar no sólo los hará irse con un trago amargo, sino que les hará pensar en no volver. Porque sí, en un futuro no muy lejano, cuando estos chicos tengan familia, un trabajo estable y sus labores bajen de revolución, podrían ser excelentes catequistas, miembros de la pastoral familiar, delegados de la pastoral de salud o lectores en las Misas. Sin embargo, eso quizás no llegue a pasar porque recordarán que en su juventud, un grupo de chicos les cerró la puerta a ser testigos del evangelio, solo porque no tenían el mismo tiempo.

 

Te repito, no defiendo a nadie, pero te invito a pensar: ¿Jesús rechazaba o buscaba a sus ovejas? ¿A qué desterrado de pastoral juvenil vas a ir a rescatar?

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