Por Alicia: "Gente que viene y va..."

May 18, 2019

  • Hola, ¿cómo va todo? ¿Qué es eso?

 

 

Su mensaje me dejó atónita, como si hubiese visto un fantasma o un ex novio me hubiese escrito desde las penumbras del pasado. Estaba respondiendo uno de mis estados de Whatsapp, donde promocionaba un evento de mi curso de inglés avanzado. Repito, estaba atónita. Le respondí de forma algo seca, neutra más bien, él hizo un par de preguntas sobre el evento y luego desapareció. Como siempre.

 

No era así hace unos meses. Hace un tiempo éramos como esas amistades que aunque no se ven a diario se escriben mucho, hacen llamadas y se preocupan por tener tiempo de calidad de amigos. No habíamos discutido, ni tenido diferencias, simplemente con el tiempo él se había alejado. Aparecía de vez en cuando, cuando supongo su tiempo era más aflojado y no tenía cosas más importantes o entretenidas que hacer.Aparecía como si nada, haciéndose la vista aérea de que en serio nuestra amistad estaba al borde del colapso de la poca importancia que él le tenía. Eso sí, cuando se trataba de un evento donde sabía que yo estaría y más nadie de su círculo participaría, me buscaba. A pesar de que entre comillas todo estaba bien y sin situaciones pendientes que arreglar, lo sentía distante, como alguien con quién no podía contar, ni siquiera para una salida de un café. Así es la gente que viene y va…

 

Con Samantha me pasaba muy similar. Habíamos sido amigas desde la infancia pero ahora con su nueva agenda laboral era casi imposible acordar un día para vernos. Siempre las pláticas quedaban en un: “deberíamos salir”, pero nunca se concretaban. Llegué a cuestionarme: ¿será que todos andan demasiado ocupados o con cosas interesantes en su vida que soy la única que se interesa en salir con amistades? Y sí, de verdad pensé que yo estaba errada y que ya tener 22 años me tenía que hacer alguien menos social en eso del tiempo de calidad de amigos. Pero no, en realidad no estaba haciendo nada malo, más bien estaba tratando de mantener vínculos que tanto se trabajaron en la infancia y juventud pero algo no cuadraba.

 

Así es como la gente viene y va en la amistad. Sabemos que crecer cambia muchas cosas, que aparezca la familia, los hijos, la pareja y el trabajo limita demasiado a las personas, pero no permitas que eso le quite importancia a cuidar tus amistades. Dedica ese tiempo que sentías valioso cuando tenías 15 o 19 años, planeen salir, ponerse al día aunque sea una vez al mes y no permitan que esa llama de cariño que cultivaron un buen día no se extinga sólo porque ahora hay cosas que parecen ser más importantes. Cuántas personas se encierran en una burbuja creada por ellos mismos cuando consiguen novio, tienen un nuevo estilo de vida u obtienen una responsabilidad que añoraban. Olvidar a los amigos por asuntos de la vida que pueden equilibrarse es quizás uno de los actos más egoístas que existen. No dejes que eso te pase.

 

Y si ser egoísta con tus amigos es algo temible, imagínate si te digo que hay gente que también lo es con Dios.

 

Me gusta llamarlos fantasmas. Esas personas que piensan que la fe es un tema de temporadas. Aparecen en Semana Santa, en Navidad (a menos que tengan una fiesta planeada), en fiestas patronales y cuando algún familiar se casa o bautizan un nuevo ahijado.

 

¿Lo triste? Que antes no eran así. Fueron parte de grupos parroquiales, conocían la importancia de los sacramentos y hasta fueron de esos evangelizadores o ejemplos a seguir de cómo vivir una fe plena y ahora ya no están. Solo vienen y van. Quizás se desviaron a un estilo de vida que les atrajo más y allá se quedaron, quizás se creen muy veteranos como para seguir allí activos, o lo más probable es que mientras estuvieron de lleno en su capilla o parroquia se sentían con un propósito, un rol, pero ahora que solo son feligreses piensan que ir a Misa no les corresponde o ya no es algo de gran valor.

Son esas personas que te emocionas o sorprendes de verlas una vez cada 4 meses en Misa y corres a  saludar, pero te gustaría que en vez de darse saludos tan efusivos porque es un milagro verlos se tratase de un saludo de rutina, por verse cada fin de semana en Misa.

 

¿Mi reflexión? No podemos amarrarlos, mucho menos presionarlos, pero cuando puedas hablar con alguien que sientes que no sabe si irse o quedarse en tu vida o en la Iglesia, más que señalarlo, es cuestión de hacerle reflexionar de la importancia de lo que está pensando abandonar. Sí, hay amistades que no son eternas y que con el tiempo debes soltar y dejar que tomen su camino, pero no permitas que eso pase en la primera instancia o prueba. Jesús nos invita y enseña siempre a poner la otra mejilla, no como señal de debilidad o masoquismo, sino como un grito o acto de negación al rencor o venganza. Nos invita a la humildad, a ser atentos y empáticos, a estar allí por el prójimo aunque al principio no sea correspondido de vuelta. Valora a tus amigos, vela por ese tiempo de calidad y motiva a aquellos que no están tan activos como tú en la Iglesia con detalles pequeños. Recuérdales por qué llegaron un día a ser miembros y laicos activos que trabajaban y servían con alegría. Retoma pequeñas prácticas como planear un almuerzo después de la misa dominical y haz que esa llama de fuego que una vez tuvieron bien encendida, sea ahora una nueva luz que los haga retornar a la casa del Padre, donde siempre han sido bienvenidos a estar.

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