Si ellos pueden, yo también: ser santos

Cuando hice mi Primera Comunión mi mamá me regaló un pequeño libro que traía historias de santos. Pero no de cualquier santo, sino de niños santos y mártires. Supongo que su propósito  al dármelo era que me motivara a ser una mejor persona a través de estos ejemplos, sin embargo, siendo yo una niña de apenas 10 años con un nivel de sentimentalismo exuberante, leer el final trágico de tantos niños causó un efecto inverso en mí. No me motivó, me traumó.

Solo por mencionar un par de aquel libro que aún conservo guardado en mi biblioteca:

 

San Tarsicio…mártir al ser apedreado por proteger la Sagrada Eucaristía de niños rebeldes que querían robarlas.

 

San Quirico…muere mártir al ser estrellado contra una piedra a causa de un verdugo enfadado por oírle decir una y otra vez: “Soy cristiano”.

 

Santa Inés…muere a los 13 años y supo derramar su sangre en defensa de su religión y pureza.

 

Santa Eulalia…de Barcelona y con solo 12 años, al quererle obligar renegar su fe muere por defender la misma, siendo atada a una cruz, quemada en sus costados y siéndole arrancada la carne de su cuerpo con garfios de hierro. Subió al cielo en forma de paloma blanca.

 

San Dominguito…era monaguillo en Zaragoza con 7 años cuando murió prácticamente como Jesús a mano de enemigos de la religión. Le clavaron en una pared de pies y manos y después le traspasaron el costado con una lanza…

 

Sí, leer esto a los 10 años no fue lo más placentero del mundo, pero fue el primer indicio de curiosidad para tratar de comprender por qué existían personas como nosotros que defendían la fe al punto del martirio. Y en base a ese librito fue que empecé a investigar sobre los santos. Lo admito, no conozco mucho de vida de santos, pero los que son niños siempre me han causado interés particular porque en medio de su inocencia no temen al dolor, sino que son valientes promotores de lo que creen y lo llevan al extremo, tal como Jesús. Tal es el caso de a quién considero mi santo favorito hasta la fecha, mártir, de los más jóvenes y santo patrono de la pasada JMJ: San José Sánchez del Río. Tal como dije, no soy de leer vida de santos y la suya no fue la excepción, conocí a este santo gracias a la película “Cristiada”, la cual cuenta la penumbra de la defensa de la fe en México y donde “Viva Cristo Rey” se convierte en un himno de esperanza y entrega por amor a Dios. Viendo esta película quedé impactada con el testimonio de este niño de apenas 15 años, quién no solo tuvo una muerte terrible, sino que se convirtió en una insignia de voluntad propia a buscar la vida eterna, lo que se supone que tanto anhelamos pero que a la vez nos cuesta mucho por lo que demanda.

 

Por eso, hoy quiero enfatizar este escrito en ese llamado que todos tenemos pero que a veces nos hacemos los de la vista gorda porque al escuchar o leer estas historias tan poderosas y extremas, caemos en un estado depresivo bastante comprensible donde dudamos de nosotros mismos en qué tanto podríamos dar por amor a Jesús y a nuestra fe. Los santos de jeans y zapatillas son los de este siglo, personas comunes y corrientes que trabajan día a día por ser mejores y subir un escalón más a la Santidad.

 

Podemos pensar que como los niños santos, todos han sido de un ejemplo divino desde la infancia, sin embargo, he hecho esta pregunta abierta de saber cuál es tu santo favorito y por qué para descubrir entre todos y nutrirnos de información de que muy diferente a como pensamos, los santos que tanto escuchamos, de quiénes somos devotos o que son más populares no fueron precisamente un ejemplo desde sus inicios. Tenemos amantes del dinero, del poder, lujuriosos, ladrones y hasta perseguidores de la fe quiénes en un principio ni pintaban por la vida santa y luego por cuestiones de la vida y por la voluntad de Dios hicieron un proceso de conversión que los llevó hasta donde llegaron: a ser santos.

 

Y es allí donde nos toca a nosotros dejar ese pensamiento arcaico o aéreo de que la Santidad va destinada a personas VIP de la fe, a adultos mayores a punto de irse al otro lado o de sacerdotes y religiosas. La Santidad es tanto para ti como para mí, es un llamado  a trabajar día a día en nuestro mejor proyecto de vida: nosotros mismos. Ser santos es ser un buen hijo, esposo, esposa, novio, novia, hermano, tío, abuelo, sobrino, alumno, empleado, empleador. Es ser una persona con principios, de fe y que busca el bien común desde su realidad. No hay que tener premoniciones, ni estigmas para ser considero un aplicante ejemplar a ser santo. Mira a los más actuales: Papas, religiosas, niños comunes y corrientes que decidieron seguir a Jesús en un plan de vida completo que busca la felicidad plena y llevar la Buena Nueva a través del testimonio propio.

 

Y claro, como todo lo que hacemos, se trata de buscar ese guía, esa base de inspiración y a través de su ejemplo de vida nosotros mismos arraigarnos a eso para transformar aquellas actitudes o limitaciones que nos impiden apostar por una vida santa. Por eso, un par de santos de tu devoción y cuyo ejemplo ha dejado huellas para guía:

  • San Fancisco de Asís: ejemplo de humildad, pobreza y confianza en Dios. Su ejemplar apego a la voluntad de Dios abrazando y apreciando toda creación, ayudándonos a comprender que la hermana muerte es la que nos lleva a la presencia del Padre. Pasó de tener una vida acomodada para luego conocer a Cristo y comprender que los bienes materiales no son nada si tu espíritu está vacío y es a partir de su humildad con la que se reconoció como pecador, para luego confrontarse a sí mismo y con ello abandonarse en Cristo, teniendo plena confianza que en Jesús encontraría la fuente de la verdad y d ela salvación. 

  • San Agustín de Hipona: nos enseña que la misericordia de Dios es tan grande que es capaz de perdonar hasta el más pecador de sus hijos.

  • San Pablo de la Cruz: fue perseverante en crear su congregación  y siempre estar apegado al amor de la pasión de Jesús.

  • San José María Escriva: inspiró la Santidad a través de lo cotidiano.

  • San Oscar Arnulfo Romero: primer santo de El Salvador, murió defendiendo a los pobres, denunciando lo malo y pidiendo justica, un ejemplo de mártir.

  • San Felipe Neri: pudo ver y enfrentar al mal vestido de nuestra Señora Madre de Dios. “Yo no soy digno que la madre de mi Señor se me aparezca en persona”.

  • San Francisco de Paula: lleno de virtudes como la obediencia, humildad y caridad.

  • Santa Teresa de Calcuta: mujer que cautivó por su alegría y amor al prójimo sin importar las circunstancias.

Y así, podemos nombrar una lista interminable de santos dignos de admirar, todos con historias tan distintas pero igual de peculiares, siendo así una muestra clara de que nosotros estamos llamados a ser de ese listado de hombres y mujeres ejemplares, no importa cuál sea tu realidad, estás llamado a ser un agente de cambio en esta sociedad y llegar a la Santidad.

 

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