¿PJ en crisis? 5 tips para volver al ruedo como si nada :)

May 27, 2019

 

El que me diga que su grupo juvenil nunca tuvo problemas me niego a creérselo. Como todo en esta vida, existen altas y bajas que pueden causar un efecto negativo si no estamos lo suficientemente preparados a nivel mental o emocional de cómo superarlo.  

Pasa en las familias, en el amor, en la vida profesional y también pasa en la Pastoral Juvenil. Es como una montaña rusa, te subes a ella porque la viste desde abajo y te emociona cómo puede ser el paisaje o la sensación, pero una vez arriba experimentas en cuestión de minutos distintas emociones: alegría, motivación, tristeza, decepción, miedo, cansancio, ilusión, fe. Sí, son un montón de emociones.

 

Entonces, al subirse en este viaje llamado “Pastoral Juvenil”, las expectativas pueden ser diversas y funciona como un noviazgo: comienza todo bien bonito, con una motivación al tope, participación activa y luego a los meses puede que ese ánimo o energía vaya en descenso, al punto en que como decía una profesora de mi clase de psicología: o se muere el asunto o retoma vuelo para mejorar. Y allí es el punto cumbre donde se decide qué camino tomar. Razones para que esa desilusión vaya en aumento hay muchas: problemas de comunicación, mal liderazgo, ganas de tener protagonismo, peleas innecesarias, falta de compromiso, déficit en la agenda pastoral y así un montón de causas que conllevan a ese estado de flaqueza espiritual donde sentimos que la solución es declinar y salirse de la pastoral.

 

¿Pero adivina? ¡Esa no es la solución! Así como en las familias y las relaciones, una pastoral juvenil o comunidad funciona como un equipo y una familia a la vez: o ganan todos o se derrumban por igual. No se trata de un grupo disperso donde las decisiones o acciones de cada quien no afectan a los demás, al contrario, todo está tan entrelazado que cada paso en falso cuenta. Por eso, ante una crisis en tu comunidad juvenil hay un par de puntos que puede que tengas que mejorar, reconsiderar o quién sabe, empezar de cero a aplicar. En base a las causas mencionadas anteriormente, donde la tibieza espiritual lideriza dicha lista, te traigo un par de “tips” para retomar el ruedo como si nada y que tu comunidad se levante de las cenizas como un Fénix en victoria:

  1. Oración: ¿suena como algo lógico no? Pero aunque a veces cueste aceptarlo, los grupos juveniles huyen de este punto tan importante. La oración individual es cosa de cada quién, pero una comunidad que ora unida, permanece unida. A título personal considero excelente las oraciones antes de iniciar una reunión o al finalizar, pero siento que hace falta más. ¿Y si se animan a jornadas de oración? Olvídense de las reuniones de actividades y no lo mezclen con formaciones, hagan jornadas totales de oración. Puede ser con cantos, lectio Divina, una guía dada por un sacerdote o de algún libro, pero que sea un espacio dedicado a orar en comunidad. Y establezcan un horario, dejarse llevar por cuando todos pueden solo lleva al fracaso porque es bastante imposible que todos puedan asistir siempre. Por eso, fija un día a la semana o quincena y que se mantenga, a tal punto que los chicos en lugar de esperar cada semana indicaciones de qué día se reunirán, ya tendrán en su “chip” que por ejemplo todos los viernes a las 7:00 p.m. es jornada de oración. Y para los que organicen estos encuentros: no se desmotiven si al inicio no van muchos. Parte de que una comunidad prospere es la perseverancia, donde no importa si solo van 5 o 6, deben seguir reuniéndose, así los que no asisten notarán la consistencia y poco a poco se involucrarán.

  2. Nuevas ideas: pensar en un grupo juvenil implica reuniones, uno que otro retiro y la asistencia a Misa u hora santa. Eso es como el menú básico. ¿Qué tal si volamos la creatividad un poco? Para motivar a los chicos y a la vez retarlos a que exploten sus talentos, pueden crear sub grupos en la comunidades: unos dedicados o responsables de las redes sociales del grupo, otros que se encarguen de montar las dinámicas de cada formación, otro que haga un calendario de películas para cine foro y otro que se encargue de lanzar el reto semanal, algo que ponga a los chicos en acción y mantenga la comunicación. Son ideas frescas, sencillas y diferentes, las cuales sacarán a los miembros del molde tradicional de la rutina pastoral.

  3. En común: ya mencionamos que la oración individual es importante al igual que las asistencias a Misa, sin embargo, de vez en cuando y sin tanto motivo importante, pueden optar por programarse para ir juntos como comunidad a una Misa en el mismo horario y pedir por su unidad, pueden establecer con un sacerdote una jornada de confesiones para ustedes o pueden ponerse de acuerdo para ir como comunidad a la hora santa y sentarse juntos, organizarse (y claro con permiso previo del párroco) e irse todos a un encuentro o retiro juvenil externo y así muchas actividades que no organizan ustedes como tal pero que pueden participar activamente. Los sacará de la rutina, les fortalecerá la fe y podrán comprender mejor la importancia de mantenerse unidos.

  4. Evaluación: una crisis es sinónimo de caos, ya sea que se veía venir o que surgió de la nada. Para eso, algo fundamental es evaluar la situación actual de la comunidad: sus líderes, su agenda y su rutina. No digo que sea un golpe de estado, pero toca ser sinceros ante estas problemáticas y hablar en conjunto para ver cuál es la raíz del caos y cómo solucionarlo. Las evaluaciones y auto evaluaciones son polémicas pero llevan a un paso seguro: conocer la realidad de la comunidad. Realizar este proceso cada 6 meses o una vez al año es perfecto para prevenir o corregir asuntos que a veces no nos atrevemos a decir de frente, ver cada cuanto tiempo es necesario hacer cambio de líderes y llevar un control de calidad de cómo van mejorando o retrocediendo la comunidad con fechas específicas.

  5. Esencial: el diálogo lleva a la solución. Muchas crisis en pastoral juvenil son sinónimo de inconformidades, asuntos entre miembros o situaciones que competen no solo al grupo sino a la capilla o parroquia. Aunque una forma de desahogo común es hablar a espaldas de quién causa el conflicto para crear discordia, lo mejor es enfrentar el problema y que ambas partes, tanto los afectados como quién está siendo el problema estén dispuestos a escucharse y ceder a lo que estén haciendo mal para un cambio. Las crisis no tratadas pueden llevar a que jóvenes se vayan de la comunidad, a que haya peleas innecesarias o se creen fricciones entre líderes, miembros y hasta personas ajenas a la comunidad. Jesús nos enseña a amar al prójimo, a poner la otra mejilla y buscar la Santidad, siendo estos 3 modelos una invitación para que ante cualquier situación penosa o difícil que estén enfrentando puedan reconocerlo como primer paso para aplicar los métodos necesarios a su solución. Salir del caos es trabajo de todos y decisión de cada uno el querer demostrar que todo puede llegar a una solución positiva.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

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