4 razones para seguirte formando en la fe

June 6, 2019

 

5 años en Pastoral Juvenil, con un pie casi que afuera para ver qué me depara mi camino espiritual y pasa esto…

 

He visto un anuncio de un curso de iniciación cristiana en línea y me ha llamado tremendamente la atención. El título suena curioso y a la vez deja mucho en duda: ¿qué tan básico será cuando se refieren a iniciación cristiana? Lo he tomado, así sin pensarlo mucho. ¿El motivo? Necesidad.  El hecho de ya no estar en un grupo juvenil pero seguir trabajando en dicha área no sólo ha incrementado mi necesidad autodidacta de formarme, sino que me ha abierto los ojos a darme cuenta de que no podemos nunca dejar de formarnos. No tiene un punto final, es más, cuando terminas un módulo o tema que te causaba interés, siempre habrá otro que te incite a seguir leyendo, cuestionándote y formándote. Y tener esa hormiguita interna que acecha y te motiva a conocer más de tu fe es un tremendo indicio positivo de que estás por un buen camino.

 

Quiero hablarles un poco de la sorpresa de este curso de iniciación cristiana que estoy tomando. He quedado impactada porque ese curso de iniciación sólo tiene el título de humilde. Lo tomé pensando que sería un paseo de términos ya conocidos, pero la verdad es que me he llevado la sorpresa, y de forma grata, que no sabía un montón de cosas. Probablemente muchas me las dijeron en catequesis pero para ese entonces no presté la debida atención y quizás otras en mi vida se me habían comentado, pero en los pocos módulos que llevo, tengo mi libreta de apuntes hasta el tope de tantas novedades que van desde historia, Sagradas Escrituras, personajes bíblicos y la invitación cordial de conocer a Jesús de una forma más de tú a tú, así como bien de amigos.

Por eso, he sacado una lista de 4 razones lo suficientemente sustentables para comprender por qué debemos seguir formándonos sin importar nuestra posición eclesial actual:

  1. Nunca es suficiente: el que me diga que porque tiene X cantidad de años en su grupo pastoral ya ha aprendido suficiente, ¡error! Nunca es suficiente la cantidad de tiempo o contenido que podemos ir aprendiendo al formarnos. Te sorprenderías de todas las cosas que ignoras o desconoces si te sientas de forma cautelosa a estudiar o explorar nuevos temas de formación o exploras áreas que por pereza o falta de lectura no consideras trascendentales.

  2. Ejemplo con el ejemplo: detrás de ti viene una nueva generación de jóvenes con ganas de conocer a Jesús, con dudas existenciales, con cuestionamientos que pueden poner en juego su fe y probablemente vengan en busca de respuestas donde sus mayores, es decir, donde ti. Por eso, un soldado preparado es aquel que está listo para responder, investigar y dar guía a quiénes vienen de seguidores. Estar formado o en constante formación resulta un instrumento sublime de evangelización para las nuevas generaciones que buscan respuestas claves para su crecimiento espiritual, aparte que es un grato ejemplo ver a alguien que a pesar de tener muchos años en la Iglesia, continúa nutriéndose para sí mismo y para llevar ese mensaje a otros.

  3. ¿Qué sigue?: muchos pierden la motivación de seguirse formando una vez que salen de un grupo pastoral, como si se tratase de una graduación o algo. Si en el ámbito profesional hay que estar en constante actualización de tendencias, ¡imagínate en el ámbito espiritual! Hay tanto material que es justo y necesario ser autodidacta en caso de que ya no estés en un grupo que se forma como tal, aunque mi consejo personal es que nunca dejes el servicio a la Iglesia, siempre habrá una comunidad cuyo carisma te inspire a dar ese talento, tiempo y entrega al Señor.

  4. Sin formación no hay continua conversión: sabemos que el hecho de trabajar nuestra conversión no tiene una fecha límite ni de tope final, es más bien un proceso continuo donde crecemos espiritualmente y nuestras capacidades van en aumento. Dejar de formarse puede ser un arma letal para generar una desconexión con nuestro caminar de fe. Sí, es necesario ir a Misa, confesarse y participar de las actividades acostumbradas, pero poner a un lado el ámbito formativo causa un vacío, un espacio que se ve reemplazado por la pereza, la falta de necesidad de información y la tentación de dejar de seguir buscando cómo acercarse más a Jesús y su palabra. Es un mal que apaga grupos pastorales, que genera tibieza espiritual y que puede causar que muchas personas se alejen de la Iglesia porque ya no sienten necesario el hecho de estar allí de forma constante, es como si perdieran el norte de cómo trabajar su fe y servicio a Jesús. Por eso, no podemos permitir que el ente de formación ocupe un segundo o tercer lugar en nuestros grupos, debe ser tratado como una prioridad semanal, donde formarse, estar al día con los temas y buscar más información, formadores y dudas por resolver sea como un salón de clases de la materia más interesante de todas, donde todos muestran interés dentro y fuera del aula.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

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