Fácil es empezar, difícil perseverar

June 14, 2019

 

Pasa con la dieta, cuando empiezas activadísimo por 4 días sin carbohidratos en exceso, yendo al gimnasio dos horas diarias y diciendo que no a cada dulce que te pasa por enfrente. Pero luego de dos semanas, te agarran infraganti en un food truck comiéndote la hamburguesa más exótica del menú.

 

Pasa con los proyectos personales, con esas clases de baile que ibas a empezar a dar en colegios, con las ganas de tener tu libro, con la súper motivación de emprender con un negocio de bisutería o con tu propio estudio de fotografía. La emoción del día en que se te ocurre la idea es incontrolable, haces escándalo porque pretendes que lo que viene es grande y te encargas de que todos sepan que una tremenda bomba va a explotar por todo el empeño que vas a darle a dicho proyecto. Los primeros pasos son sencillos y hechos casi que de inmediato, pero al cabo de un mes o dos ya la idea ha caducado o ha sido reemplazada por otra que probablemente termine igual.

 

Pasa con los cursos o diplomados online, esos cuya fuerza de voluntad son temibles porque depende al 1000% de ti y de que abras la página web para leer, ver un video o resolver una tarea. Y si son de esos que no tienen fechas límites, allá se fueron y allá quedaron. Y es que somos seres de impulso, de despertar o incluso estar dormidos soñando con nuevas ideas, oportunidades y opciones de qué inventar, en qué meternos de nuevo y qué cosas pendientes por fin podemos retomar. Porque este tema de perseverar en cualquier tipo de asunto va desde lo nuevo, lo olvidado y retomado y lo que ni siquiera habíamos contemplado en primera instancia.

 

Y así como pasa con todo en la vida, pasa con nuestra fe. Sí…pasa. Pasa con ese curso presencial o en línea sobre la fe que empezaste muy animado porque querías nutrirte y formarte, pero al cabo de unos días no lograste meterlo del todo en tu rutina y quedó como una opción de algo que hacer cuando todo lo demás no está disponible, como si se tratase del punto Z de tu lista, sin prioridad alguna.

 

Pasa con lo que tanto se conversa en las reuniones de los grupos pastorales, donde surgen mil ideas innovadoras y creativas que atienden a la recesión realista de falta de nuevas prácticas o de más formación, saliendo de estos primeros encuentros con una lista de cosas por hacer que muchas veces por tiempo, falta de organización o tantos cambios repentinos van dejando de lado lo que se escribió en busca de soluciones o cambiar la rutina de un grupo.

 

Pasa con las veces que sales de confesarte y te repites a ti mismo que ya es tiempo de ponerte serio, de hacer el rosario con amor y sin pereza, de sentarte al menos 20 minutos al día a meditar las lecturas y orar y que debes buscarte un director espiritual, pero la comezón de fe solo te dura lo que dura tu tiempo en gracia, se torna un juego entre el tiempo y tus prioridades para reconocer que no estás prestándole suficiente atención a tu crecimiento espiritual, no porque no quieras, sino porque aún no comprendes que el mismo es una verdadera prioridad en tu vida y forma parte de tu formación. No se trata de meter la fe o tu vida espiritual como un punto en la agenda de mala gana o una opción veraniego o de temporada, se trata primero de encontrar la esencia o la respuesta a la interrogante: ¿por qué lo hago? ¿Qué me hace querer que este sueño, acto o situación sea algo que valga la pena mantener allí a diario y no dejar a media asta?

 

Es sencillo hablar y tirar mil ideas nuevas al aire de cosas que deberíamos hacer, incluir en nuestras vidas o alterar por amor propio y salud, pero difícil es que dichas situaciones adquieran la suficiente validez e importancia en nuestro diario vivir para que sean ya algo que hacemos por amor, porque si un día no escribo o no oro, o no leo mi libro de oraciones y lecturas o porque no voy al gimnasio, siento un vacío, como si algo no estuviese bien. Y cuando logras sentir eso, esa acción o meta ya entró no con lápiz sino con tinta negrita en tu lista de vida.

 

No hay una guía para lograr eso, al menos yo no la tengo para dártela como varita mágica, pero mi invitación de hoy es a que a eso que en algún momento te generó ilusión, sueños y una necesidad de lograr, no lo desatiendas ni permitas que nada ni nadie te baje los ánimos de alcanzarlo. Estamos acostumbrados a caminar entre personas tóxicas o negativas cuyas cargas poderosas de falta de compromiso, motivación y trabajo apagan cualquier posible vela que está lista para arder. No permitas eso, en tu vida profesional, académica, personal y espiritual, que todo lo que nazca de tu corazón siga latente para que sea una realidad. ¡Ánimos!

 

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