El diario de Marilin: Sueños de bolsillo

June 17, 2019

 

A las 5:24 a.m. suena la alarma (porque me gustan los números pares). Aún no veo el resplandor del sol ni oigo a ningún gallo cantando. Estoy sola en la habitación porque mi hermana mayor se ha ido hace 1 hora. Su hora de entrada al trabajo es a las 7:30 a.m. y debe hacer magia con el tráfico para no estresarse por su llegada a la oficina. Me siento en la cama mientras aún trato de apaciguar el leve calambre en mi pie derecho y busco entre la oscuridad mis gafas para levantarme y encender la luz del cuarto color celeste que recién pintamos como capricho de mi pasado cumpleaños.

 

Con la luz ya encendida me estaciono frente al espejo rectangular cuyos funkos de Star Wars reposan en una esquina de tablón que el espejo trae por complemento. Me veo al espejo aún con lagañas en los ojos y con mente aérea y la misma pronuncia esa frase de casi todos los días: no quiero ir a trabajar.

 

No es un asunto de pereza, ni de complejo de niña vaga mantenida, es una mezcla entre motivaciones aniquiladas en pleno cantar de un ruiseñor en una primavera que no tenemos y un sentimiento puro de estrés y tristeza que invade mi pobre alma ante cada despertar, como si hubiesen días en que no quisiera que sonara la alarma que te trae de vuelta a la realidad. No me sentía así desde que mi ex novio había terminado nuestra relación hace unos meses, cuando había logrado rebajar hasta 10 libras por detener mis caprichos comestibles para ir al gimnasio 1 hora diaria y así hacr algo que me distrajera. Pero este sentir era distinto, su nombre y apellido no eran de una persona propia, sino de un estado profesional que no me generaba el mínimo ánimo de continuarlo.

Puedo tener pocos años de vida, pero mis aspiraciones siempre habían estado volando entre nubes y con un tono bastante realista desde que había descubierto que la Universidad no era la plataforma o el trampolín de oportunidades de oro sino un banco de selección marginal de empresas millonarias necesitadas por jóvenes ingenuos que quería experiencia laboral aunque no se tratase del súper primer empleo de sus vidas. Era un ciclo algo desmotivador y rutinario, pero ya teníamos el chip de que así se debía empezar, desde abajo.

 

Aún frente al espejo y con el resplandor del sol ya asomándose por la ventana pensé en los pocos pero significativos talentos que tengo que no he podido explotar al punto de vivir de ellos: cantar, hablar en público y tener memoria fotográfica y esto de escribir, esta versatilidad que recién he descubierto sólo por lanzarme a enviar lo que pienso y siento al blog de Mariee. Creo que mis mañanas serían más alentadoras si al despertar tuviese que hacer algo de lo mencionado anteriormente y no tener que ir a sentarme a una oficina por 8 horas a contar dinero. Contar el dinero que no tengo ni tendré.

 

Y saben, estoy consciente, el dinero jamás comprará la felicidad, pero a veces siento que tengo tantos sueños de bolsillo, como guardados en compartimentos de mi ropa y que siguen allí atrapados a mí con ganas de hacerse realidad, dejando de lado la terrible rutina de soñar despierta y sentir de forma artificial lo bien que sería vivir de algo de eso que añoro. Son sueños de bolsillo porque puedo recordarlos como pequeños “post it” una y otra vez e imaginar cómo serían mis ánimos, horarios y energías diarias al saber que he logrado vivir de lo que amo, que he logrado cumplir mis sueños y hacer algo en lo que soy buena y poder vivir de eso.

 

¿Acaso no debería ser así? Veo cada mañana y tarde cuando hago las interminables filas del transporte a personas uniformadas, otras vestidas de forma particular y uno que otro con vestuarios excéntricos que deambulan por la calle, terminal de transporte y demás lugares de tránsito con la vista caída, sin sonrisas de acompañantes y lleno de una amargura y necesidad intensa por finalizar la jornada laboral que 10 horas después vovlerá a repetirse. Son personas que viven añorando el fin de semana para tener 1 o 2 días en que repitan la misma rutina de siempre que les saca una leve sonrisa o alegría de momento, pero de lunes a viernes su jornada resulta una tortura o tiempo perdido para recordarse y flagelarse mentalmente cada día que están justo donde nunca soñaron estar.

¿Qué sentido tiene eso? Ahora mientras me arreglo para salir de casa y tomar el bus que lleva un tranque como aditivo, pienso en las veces que me ilusioné mientras estudiaba por alcanzar mis metas profesionales y llegar realizada cada mañana a un trabajo decente, donde me sintiera a gusto y que formo parte, como si ese puesto estuviese destinado para mí desde mucho antes.

 

Me costó darme cuenta de que eso no era precisamente lo que pasaba ni que mucho menos era una varita mágica la que me llevaría al destino correcto sin antes pisar un par de malos lugares sólo para madurar y sacarme buenas lecciones de vida. Pero sabes, está bien. No podemos cambiar como está la sociedad estructurada en estos momentos en ese ámbito, pero podemos ser dueños de nuestro propio viaje de vida y detenernos un momento, ya sea en el espejo, frente a una ventana o mientras te quedas sentado en tu cama para pensar: ¿qué sueño o meta aún tengo en mi bolsillo guardado? Es una invitación a ser revolucionarios y tomar de ejemplo tantas personas que vemos adentrarse en pantanos peligrosos pero no desfallecen porque saben que al final del camino hay un estilo de vida que buscaban y añoraban, para vivir siendo felices mientras trabajan haciendo lo que más aman. El dinero no compra felicidad ni mucho menos años de vida o sonrisas, pero hacer lo que una vez soñamos y convertirlo en realidad nos hace seres humanos plenos y con ánimos de levantarnos cada mañana para vivir una realidad que vemos como un sueño de lo linda que es. No es fácil, ni es algo inmediato, tendrás que tocar puertas de lugares que no resultarán como esperabas antes de encontrar uno donde puedas sentirte como en casa. Además, si tienes talentos o sueños extras a tu carrera como bailar, cantar, emprender en alguna pequeña empresa o crear algo diferente e innovador, ¡no tengas miedo, necesitas de eso! Salir de la rutina y vivir fuera del molde tradicional que la sociedad nos implanta como casi robots es justamente lo que debemos ir descartando para hacer nuestras propias historias trascendentales que marquen a los demás dejando una huella de enseñanza y un legado que mantener. Tus sueños de bolsillo no son para soñar despierto, sino para irlos sacando poco a poco a la realidad y hacerlos cumplir, para que cada sueño pensado, vaya tachándose como “Hecho” en tu pequeña pero significativa lista de deseos.

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