Un vestido azul en el Santísimo

June 28, 2019

  • Nos vemos en la Iglesia, allá recojo el vestido.

Eran las 5:15 p.m. mientras bajaba los escalones del edificio y me dirigía hacia la parada de autobús. Si mis cálculos acertaban y no había accidentes, manifestaciones o lluvias indecentes por el camino, debía llegar a la iglesia antes de las 8:00 p.m. Mi misión: rescatar un vestido azul que una amiga estaba guardando en la parte de atrás de su auto. ¿Motivo? Mi vida de trabajo en la ciudad me impedía llegar a la hora que debía para retirarlo por mí misma.

 

Existen muchos lugares donde podíamos encontrarnos para poder retirar mi vestido, pero mi amiga iba a estar en la iglesia porque iría a Misa y de seguido a la hora santa. Está bien, me parecía un buen punto de encuentro, además estaba cerca de mi casa y podía esperar afuera en el parque mientras ella salía de su visita semanal al Santísimo. Mis cálculos decían que no llegaba a tiempo ni siquiera a la hora santa, por lo que esperar en el parque un par de minutos era la opción más viable.

 

Sin embargo, cuando a Dios le da la gana de darte cachetadas y lecciones, se pasa. Como si se tratase de un mundo paralelo, no duré ni una hora en llegar a la iglesia. No había fila para el bus, ni tráfico, ni mucho menos situaciones penosas que atrasaran todo. No sólo llegué antes que iniciara la hora santa, sino que llegué cuando incluso la misa iba por la mitad. En el parque encontré a unos amigos que esperaban a que la hora santa iniciara y algo perpleja aun me senté con ellos a hacer tiempo. Me sentía extraña, voy a Misa todos los domingos casi pero honestamente llevaba un año literalmente sin ir a una hora santa. Y no era porque no quería, simplemente los planetas parecían alinearse para que mis jueves siempre fuesen para estar hasta tarde en la ciudad.

A veces el tráfico me jugaba en contra, otras veces me quedaba en reuniones del trabajo hasta tarde justo ese día y recientemente mi agenda del jueves por la noche se bloqueaba porque estaba haciendo sesiones de terapia psicológica y eran siempre ese día. Pero este vestido estaba haciendo que todo se alterara y ahora estaba allí, como una completa extraña al asunto sentada en el parque esperando a que empezara la hora santa para entrar, tal como hacía por allá en el 2014 cuando sólo iba a la Universidad y tenía todo el tiempo del mundo para ir de forma semanal al Santísimo.

 

Entonces, allí estaba, entrando al Santísimo después de casi un año sin ir. Puedo expresar con sinceridad que tuve una mezcla de sentimientos. Me sentía en paz, como cuando vas donde un viejo y fiel amigo, donde puedes sentarte en silencio por una hora a escucharlo y a la vez hablarle de tus problemas, tus dudas, por lo cual estás agradecido y por lo que aún tienes dando vueltas en tu cabeza, siempre sintiéndote bienvenido, acogido, en confianza. Se sintió bien, aunque debo admitir que me sentí culpable, porque era una sensación como nueva, aunque sabía que no lo era en realidad, después de tanto tiempo sin ir no recordaba como se sentía del todo visitar a Jesús Sacramentado. Mala mía. También sentí desconexión de todo, tal como debe ser cuando pones todo tu ser en ese espacio de oración personal: canté, alabé, oré y di gracias por tanto. Y por último, fue como viajar en el tiempo y darme cuenta que esa experiencia de fe que tenía cuando apenas era una muchacha de 22 años se sentía igual de bien y como la primera vez ahora que estaba a una semana de cumplir 27.

 

Al final el plan salió mejor de lo que pensaba, lo que comenzó como una salida rápida para rescatar mi vestido y sólo buscarlo en el parque de la iglesia se convirtió en una noche de bendición donde pude visitar al amado Jesús Sacramentado, buscar mi vestido y reencontrarme con aquellos que a diferencia mía, si ven eso como parte de su rutina semanal. Fue hermoso la verdad, algo por lo que trabajaré por volver más seguido y no alejarlo de mi rutina espiritual.

En conclusión, vayan a la hora santa. Sé que hay tranque, miles de cosas en la agenda y enredos que ni nosotros mismos comprendemos, pero una hora semanal es tan valiosa que creo que podemos hacer un esfuerzo por apartarla en la agenda. Y si no es posible, busca la capilla o parroquia más cercana y visita a Jesús Sacramentado aunque sea por 15 minutos. Gracias a mi amiga por buscar el vestido y hacerme ir a la parroquia, creo que fuiste ese instrumento que me dio el pequeño impulso para quedar un jueves por la noche sin organizarlo en la hora santa después de tanto.

 

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