Grandes cambios: hora de levantarse y actuar

July 31, 2019

 

He estado intranquila desde hace un par de días con respecto a un tema en particular. Pasa por mi mente muchas veces al día, idealizo posibles panoramas y hasta pienso en quién podría ayudarme a: 1. Apaciguar mis emociones al respecto y 2. Buscar acciones concretas para una solución.

Soy de las personas que detesta hablar de una problemática en potencia y dejar el tema en el aire. He visto y escuchado miles de ideas buenas que surgen de encuentros casuales u organizados y que luego quedan dando vueltas en una tornado de polvo que se esfuma con el tiempo sin concretar una acción o disponer de fechas, seguimientos o encargados. Y creo que nuestro problema, porque me incluyo, es que somos amantes de hablar y hablar de lo que nos aflige o preocupa y hasta somos expertos en difundirlo y compartir experiencias catastróficas que agudecen aún más el problema, pero a la hora de tomar acciones y decir qué vamos a hacer, todo queda en diálogos inconclusos o en convocatorias de próximas reuniones que a veces ni siquiera se llegan a dar. Sentimos que cumplimos con el deber al hacer eco de un asunto en especial que necesita soporte pero nos cuesta adueñarnos de la situación y no descansar hasta darle solución. Es como si lanzáramos la bomba de humo armando un discurso sacado de un profesional de coaching y luego desapareciéramos, con la esperanza de que algún receptor se adueñe del suceso en cuestión. Y así me había sentido a título personal con muchos asuntos míos que no les encontraba solución, hasta que un día, mientras leía un libro romántico al ver la lluvia caer en mi habitación (suena cliché pero fue verdad), entendí que justamente así como estaba de pasiva y sin mover un solo dedo no lograría ser el bendito cambio que yo misma me sulfuraba por ver desde hace rato.

Yo misma tenía ideas que consideraba decentes y hasta maravillosas y no vería ningún adelanto o cambio si yo misma no me paraba de la cama y empezaba a trabajar, allí me di cuenta que estaba comportándome justo de la forma que tanto había estado criticando… era una simple observadora que había hecho la mitad del trabajo: localizar el problema mas no trabajar en la solución.

 

Quería ver jóvenes activos y comprometidos, pero yo misma estaba viviendo una fase personal y espiritual de pausa porque no había logrado acomodar un par de dudas y pensamientos; quería ver personas comprometidas a la comunidad, al trabajo social, a ayudar a otros, pero a mí me causaba flojera anotarme en alguna ONG que implicara tomar sol o madrugar los domingos para visitar asilos; quería ver más cultura, jóvenes que dejaran atrás los vicios para adquirir hábitos como la lectura o escribir, sin embargo, me había adueñado de un proyecto que inspiraba eso pero que no tenía hasta la fecha apertura a que otros participaran. Y así fui sacando conclusiones mientras enumeraba las mil cosas que quería ver y que yo misma podía actuar de cierta forma… es un tema de compromiso y pasión a fin de cuentas.

 

Nadie tiene varita mágica para cambiar el mundo en dos días o en un mes, sin embargo, podemos empezar con pequeños detalles o con un tema en concreto que no nos deje dormir y meterle mente, alma y corazón para que tome forma y adquiera un sentido. Compromiso, pasión, responsabilidad, seguimiento y acción son palabras claves para describir lo que llevo en mi saco de elementos para cumplir metas que tengo anotadas en mi lista de deseos de vida.

Mi mentalidad cambió cuando dejé de quedarme sentada mientras esperaba que otros tuvieran la disposición de jugarse las cartas por algo cuando yo tenía mi propio mazo para jugármelas y actuar. Descubrí que soñar con algo o detectar un problema no representa ni siquiera el 20% del asunto o proceso, es apenas un punto de inicio en un camino totalmente extenso y que requiere de acciones concretas y de un seguimiento intenso para adquirir resultados decentes o sorprendentes, lo que pase primero.

 

Por eso, hoy quiero invitarte a quitarte ese pensamiento arcaico de que todo lo que pasa en el mundo que está mal es un asunto de otros, porque en realidad, desde el momento en que lo detectas como una problemática y te invade la mente en busca de su solución, se convierte en parte en problema tuyo también. El miedo al fracaso podemos dejarlo para los que observan desde sus bancas como otros se la juegan y actúan, para aquellos que no se creen capaces de empezar a hacer pequeños cambios que a largo plazo se tornan en grandes movimiento o proyectos y se conforman con quedarse allí, criticando o negativos. Tú y yo estamos llamados a levantarnos del sofá y señalar con mirada astuta esa situación que atormenta tu paz y serenidad en busca de ser resuelta, te invito a poner en práctica tus habilidades, destrezas y tu humanidad, para tomar algo como si fuese tuyo y trabajarlo con pasión y amor hasta que logre su cometido.

 

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