VIDA

September 3, 2019

 

Últimamente me gusta poner títulos cortos a mis escritos, no sé si eso sea bueno o lo esté utilizando como excusa para no indagar en mis auroras boreales creativas que llevan rato en un estado de pausa aislada y poco contundente…

 

Ahora sí, al tema…

 

Detesto viajar en bus, creo que lo he comentando por este medio varias veces y la verdad no me avergüenzo al respecto… el sistema público no es ningún ejemplo de país avanzado y lo poco que tenemos de tiempo para descansar en el mismo se ve opacado por las múltiples incomodidades que afrontamos mientras entre tráfico, retrasos y un pésimo servicio llegamos al destino final que nos espera… suena caótico, y lo es.

 

En fin, entre uno de mis tantos viajes en bus hubo uno recién que me pareció toda una experiencia particular, tan particular que me sentí como en los viejos tiempos donde siempre me pasaban excentricidad dignas de compartir… como cuando era la Alicia alborotada que exponía sus vivencias interesantes mientras Mariee era sólo una receptora más del mensaje. Pero ahora que Alicia es solo un personaje que resulta ser en realidad yo misma bajo un alter ego que pretendía expresarse más abiertamente bajo un nombre inventado, creo que soy capaz de contar bajo mi propio nombre lo que vivo y lo poco pero significativo que puedo aprender de ello.

 

Volviendo a lo que les decía, hace poco fue de esos días en que viajar en bus me hizo reflexionar de algo que tenemos como regalo, como misterio, como dolor de cabeza y como bola mágica de dudas sin resolver, todo a la vez: la vida. ¿Y cómo un simple viaje en bus me llevó a pensar en esto? Pues como siempre, por personajes mucho más interesantes que yo que saben expresar lo suficiente como para diagnosticarlos y comprender un poco su alma.

 

Un sábado por la mañana para ir rumbo al trabajo se resumen en mi persona en una sola cosa: encontrar la alineación correcta del destino para que ningún factor externo me impida aprovechar esa hora de viaje hasta la ciudad para dormir, es como si fuese un punto importante del día, algo cuyo desempeño o desenlace final desencadena una serie de reacciones positivas en mi energía… o una serie de eventos desafortunados donde mi cansancio se lleva el premio al empoderamiento de mi ser. En resumen, se supone que debo dormir en el camino del bus.

Se supone, porque ese sábado eso no sucedió.

 

Elegí el asiento perfecto: en la ventana, sentada al lado de una señora como de la edad de mi mamá que quedó dormida apenas el bus salió de la parada y los conductos del aire acondicionado estaban bastante regulados. Sin embargo, detrás de mí el asunto no pintaba igual de calmado. Justo detrás de mi intento #1 de sueño estaban una pareja de ancianos que discutían sobre el aire acondicionado. Este chorreaba justo en su asiento y estaba el bus regalándoles literalmente un baño a las 7 a.m. digno de una mandada a la lejanía del sur hacia el conductor por tal imperfecto. Ellos discutían entre sí, estaban eufóricos y la señora incluso amenazaba con levantarse del asiento y sentarse en pleno pasillo con tal de huir al chorro. Todo un caos y drama, sé que lo imaginan, pero duró poco porque gracias a Dios no había tranque.

 

Ellos se bajaron en la primera parada del viaje, mencionándole obviamente al busero todo lo ocurrido y negándose a pagar la tarifa completa por el mal rato que habían pasado. Bien… round 1 listo, supongo.

 

La señora a mi lado que resultó lo único calmado del viaje se bajó en la parada siguiente y aproveché que aún faltaban 4 paradas para mi destino para recostarme entre ambos asientos y al menos cerrar los ojos. Eso sólo duró 2 segundos… porque justo un chico como de 15 años me pidió espacio para sentarse al lado mío. Casual, tuve que acceder, porque soy una persona decente, prudente, tolerante y cero amargada ante estas situaciones. Ahora, este chico al sentarse cerró los ojos y parecía estar dormido, mientras sus audífonos gigantes resonaban hasta mi oído rock pesado, de ese bien “hardcore” que no entiendes ni una parte de la letra de la canción.

 

Y fue ante estas dos situaciones, la de los ancianos y luego la del chico que comprendí que estaba siendo testigo del ciclo de la vida, ahí en ese bus con un pésimo aire acondicionado. Dos personajes, dos estilos totalmente diferentes, dos energías, actitudes, estados de humor, todo tan variable y llevando a una tremenda y única conclusión: la vida pasa rápido y cada etapa es un regalo, un regalo que debemos aprovechar y vivir como se debe, tal cual como lo dicta esa etapa. Todos cambiaremos, tanto física como emocionalmente, pero lo que vale es no dejarnos pasar la vida sin vivirla en su máxima expresión. Es un viaje que iniciamos sin siquiera saber qué está pasando y que al inicio no recordamos, pero luego se convierte en un camino por recorrer donde cada paso que damos condiciona el que sigue y nos va dando lecciones, memorias, risas, llantos y la casual experiencia de tener algo que contar cada día del día anterior. Por eso, vive tu vida y vívela con alegría.

Please reload

Nuestra red de escritores"Como un granito demostaza" te da la bienvenida.

¿Tienes algún artículo que deseas publicar? ¡Únete a nuestra red de escritores! Envíanos tu escrito a comoungranitodemostazapty@gmail.com

  • Wix Facebook page
  • YouTube Social  Icon
  • Instagram Social Icon
Please reload

Recent Posts

October 22, 2019

October 15, 2019

October 4, 2019

September 26, 2019

September 24, 2019

Please reload